Solitario el caminante hermético iba silente por aquel camino. Sediento no de agua y hambriento no de carne, sino de todo lo que le daba un efecto insaciable. Buscador inadaptado era él.
Se creía un constructor de ideas que, a pesar de las dificultades que le daba ser un forastero, le daba ese conocimiento del cariño por el camino pisado como trotacalles que era.
Su encuentro con la soledad era en muchas ocasiones tormentoso, ya que no disponía de las armas necesarias en su momento. La mentira era su mejor recurso, pero también su mayor ostentación.
Barbón, bravo y bestial era él, haciéndose cada vez más viejo. Tenía un gran gusto por el correr del agua después de andar por caminos sinuosos.
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